Chile: décadas de silencio con el dolor apretado en el cuerpo y nace un grito

el 24 diciembre | en Sin categoría

Pléyade número especial / Diciembre (2019)

Online ISSN 0719-3696

ISSN 0718-655X

Chile: décadas de silencio con el dolor apretado en el cuerpo y nace un grito

Tania Madriaga Flores*

Alcaldía Ciudadana de Valparaíso

La protesta, su sentido social. Una revuelta inorgánica

El 18 de octubre de 2019 nace una marcha de millones en cada ciudad, empujando para que la historia de los pueblos de Chile siga su curso. Fueron décadas de demandas y luchas, ante las que solo se obtuvo promesas, traiciones y violencia. La consecuencia fue una cada vez mayor abstención electoral y deslegitimación de las instituciones. Abusos, colusiones, corrupción y “perdonazos”, fueron los pasos que la elite siguió para perpetuar la desigualdad utilizando la institucionalidad, hasta que la hizo inútil en su formato actual. Un largo camino en el que no lográbamos reunir tanto malestar en una sola consigna: “Chile despertó”.

            Desde la dictadura, los trabajadores y trabajadoras se fueron quedando sin fuerzas. Los y las estudiantes se reagrupaban cada cierto tiempo para exigir cambios y volvía el reflujo. Las mujeres, con la demanda feminista, se visibilizaron y se hicieron escuchar, pero no fueron oídas. Los territorios fueron usados como zonas de sacrificio para robustecer los bolsillos del Capital, los niños y niñas pagaron los costos con su salud y nadie quiso actuar. Los pueblos originarios clamaban por sus tierras ancestrales y fueron acallados. Nuestros abuelos y abuelas se fueron sumando a las pensiones de miseria. Finalmente, concluimos que de esta manera no hay futuro.

            Las demandas fragmentadas, levantadas durante años por quienes se lograban articular, se fueron encontrando en una sola realidad, el territorio. En cada hogar y en cada barrio, se fueron leyendo los costos de continuar reproduciendo este orden social injusto y desigual, porque en cada cuerpo de una madre, un padre, abuela y abuelo, niña y niño, y de cada joven; se sienten los costos de sostener este sistema. Aunque nos dijeron que cada uno y una individualmente teníamos que responder por nuestra suerte, estábamos juntos y juntas soportándolo, y salimos juntos y juntas a intentar pararlo. Así que reventamos antes de saber cómo organizar el siguiente paso, y nos expresamos desde donde cada uno y una pudo leer el momento. Se tejieron muchas formas de rebeldía en una sola gran movilización. Comenzaron los y las estudiantes secundarios –como siempre, liderando el grito– con las evasiones en la red de Metro en Santiago. Siguieron cacerolazos, marchas, paros, música, bailes y carteles con todas las consignas posibles. También hubo incendios y saqueos que emergen de los aprendizajes de vidas llenas de violencia, vidas ubicadas en una posición de exclusión construida por la desigualdad y la segregación.

            Ni las amenazas ni las raquíticas promesas acallaron el grito y continuó la protesta. Lo cotidiano fue ganando protagonismo en los barrios y en los lugares de trabajo y estudio. La gente se reúne y se organiza en cabildos y asambleas para discutir los problemas de la vida diaria y encontrar caminos para una verdadera solución a la falta de tiempo, de recursos, de derechos y de justicia, por solo nombrar algunos. Surge, además, una consciencia cada vez más clara de que estas soluciones pasan por una lucha contra los privilegios, los abusos, la depredación del medioambiente, el patriarcado, la discriminación, la desigualdad y más. Y dado que la consigna logró reunir todas esas voces, se alzó también el llamado a una nueva constitución: “se necesita de forma urgente una Asamblea Constituyente”.

Las respuestas del Gobierno

El 20 de octubre, desde el lugar que entrega el dominio político y económico, desde esa posición de privilegio que otorga el estar en la cúspide de la pirámide de la desigualdad; el presidente y empresario Piñera le declaró la guerra a un enemigo sin nombre, es decir, a todas y todos. Buscaba sembrar el terror y el miedo, llenando las calles de militares y policías armados que, día tras día, le fueron quitando la vida a luchadores y luchadoras sociales; mutilando cuerpos, abusando de mujeres y violando los Derechos Humanos.

            El día 23 de octubre, en medio del Estado de Sitio y la suspensión de derechos mediante el toque de queda, Piñera intenta una nueva medida y da a conocer lo que llamó la “agenda social”, que se tradujo en 15 puntos que buscan aliviar el bolsillo de la población con más carencias. Sin embargo, unos minutos después de terminada la cadena nacional en la que presentó las medidas, los cacerolazos se volvieron a escuchar con fuerza. El anuncio no llega ni cerca de las expectativas instaladas respecto a los cambios, ni en la cantidad de recursos ni en la forma en que se dispone de ellos. No se toca el bolsillo de los que concentran el poder y el dinero, ni se cuestionan en lo más mínimo las bases de su reproducción.

            El 7 de noviembre, ya sin medidas de excepción, pero con la represión policial desatada; Piñera hace un nuevo anuncio. Ahora busca fortalecer el orden público, profundizando su política de criminalización de la protesta social con medidas antidisturbios y fortaleciendo las facultades y capacidades de las policías. Las cacerolas volvieron a sonar y las marchas se volvieron a multiplicar con dos jornadas muy importantes: el paro y huelga nacional del 13 de noviembre, que logra una alta adherencia; y el 14 de noviembre: la conmemoración del asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca a manos de las fuerzas policiales. Ese mismo día 14 comienza a tomar cuerpo un diálogo entre las directivas de los partidos políticos para construir un acuerdo que en la madrugada del 15 de noviembre se da a conocer con el nombre de Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Firman partidos de la derecha; la ex Nueva Mayoría, menos el Partido Comunista; y 3 partidos del Frente Amplio: Revolución Democrática, Comunes y el Partido Liberal; además de 1 diputado del partido en formación Convergencia Social, quien lo hace a título personal. Se acuerda someter a plebiscito el cambio constitucional, lo que se reconoce como un logro de la movilización. Se acuerdan, además, una serie de procedimientos como la Convención Constituyente (no Asamblea Constituyente), los quórums para tomar decisiones, la forma de elección de los miembros de la convención, etc.; que son cuestionados por importantes sectores de los actores movilizados. Lo más complejo de esta escena es que se transgrede una de las demandas sociales y políticas fundamentales: el cuestionamiento y rechazo a  la elitización de la toma de decisiones. Esta demanda exigía que se hubiese construido, al menos,  un canal que validara las propuestas mediante la participación en la toma de decisiones de los actores movilizados.  

Crisis del neoliberalismo en su propia cuna

Piñera fue electo por un 27% de los potenciales votantes. De un total de 14.308.151, 3.796.579 personas votaron por él. El porcentaje de participación en este acto electoral fue de 49%, es decir, votaron 7.007.668 personas. El ejercicio electoral se fue vaciando de participación durante la transición porque la representación se hizo de cara a los intereses de los actores que concentraban la riqueza, perdonándoles cada abuso, robo y/o acto de corrupción, y de espalda a quienes estamos sometidos a los mecanismos que provocan la desigualdad.

            De este modo, la situación era la siguiente: los de abajo, convocados para el voto cada vez con menos entusiasmo, y la élite, sin querer ver que cuando la gente decía que daba lo mismo quién ganara, no era una señal de estabilidad sino de falta de consistencia democrática del ejercicio electoral. Las instituciones políticas y jurídicas fueron cayendo una por una en la pérdida de prestigio y credibilidad, así pasó también con la Iglesia, las policías, las fuerzas armadas y un largo etc. Los medios de comunicación, cada vez más cuestionados, solo dejaron hablar a quienes intentaban convencernos de que las discusiones sobre el orden social trataban cuestiones incomprensibles para las mayorías, que debíamos dejárselas a los profesionales y expertos, por lo que solo nos quedaba escuchar y obedecer. Vaciaron la democracia.

            El neoliberalismo encuentra uno de sus principales motores en la financiarización de la vida. A través de los créditos, nos vende a alto costo el dinero que nosotros mismos nos vemos obligados a entregarles a las AFP, Isapres, empresas de servicios, etc. Mediante este mecanismo, quienes son dueños del mercado financiero ejercen el dominio sobre el sistema productivo y sobre los partidos políticos que les son afines. Con la privatización de los derechos y los bienes comunes, fuimos quedando bajo su dominio también los hogares y los pequeños productores y comerciantes. A las mayorías se las fragmentó y responsabilizó individualmente de su bienestar y se puso a su disposición créditos de consumo. Si bien estos otorgaban acceso a bienes y a cada derecho social que era privatizado, en la misma medida se fueron acumulando deudas en cada hogar.

            Pero nada de esto sucedía sin consecuencias, la pérdida de prestigio y credibilidad era proporcional al aumento de la crítica, la rabia y el dolor. Se trata del resultado de sentirse olvidado, engañado, traicionado, y, en muchos casos, abusado y abusada. Por lo tanto, se abre la discusión sobre el orden social que nos vincula a unos y unas con otras. Se trata de volver a pensar cómo queremos vivir juntos y juntas.: “Los Pueblos, los Pueblos, los Pueblos dónde están. Los pueblos en la calle exigiendo dignidad”[1].

            La palabra “paz” se instala en el nuevo escenario abierto desde el 14 de noviembre en Chile, si las fuerzas de la derecha esperan que esta signifique volver al estado anterior, es decir, a la desmovilización, y que nos dediquemos a esperar que la clase política actual apure el tranco para realizar los cambios que se demandan; es que no entienden que la historia no se puede borrar. Queremos paz con justicia e igualdad social. Fueron 30 años en que las fuerzas de lo que se llamó el “duopolio” protegieron el orden actual, algunas por convicción, otras por incapacidad: no serán ellas las que construyan lo nuevo por venir. Debemos echar mano de lo que guardamos en nuestra memoria y crear los instrumentos políticos y sociales que requerimos hoy, que garanticen la participación de las grandes mayorías para que el orden no se cierre por arriba una vez más.

La Alcaldía Ciudadana en Valparaíso

El Proyecto de Gobierno Local orientado por el objetivo de la transformación democrática del territorio, triunfa en Valparaíso el año 2016. Se trata de una convocatoria a disputar el Municipio, enfrentando tanto a la derecha como a la Nueva Mayoría. Tomó su denominación de ciudadana en un proceso de construcción y desarrollo de una primaria no institucional, donde compitieron distintas sensibilidades de muy diverso cuño y trayectorias. Participación y manos limpias fueron las consignas de campaña. No ha sido un ejercicio fácil, ha requerido de un gran esfuerzo de demostración y aprendizaje. Demostración de que la confianza se gana con acciones que deben permitir que la gente haga suyo el proyecto y se apropie de la institución; y aprendizajes sobre como correr los límites, cuando todas las fuerzas políticas siguen en la lógica de “la medida de lo posible”, que no pretende afectar las condiciones de poder de quienes sostienen el sistema y menos de quienes lo padecen.

            En esta coyuntura nos pusimos a disposición de las dirigencias territoriales, para su encuentro y diálogo sobre los caminos a seguir y fijar así las orientaciones que la alcaldía debía impulsar. Es así como hasta ahora hemos realizado 6 asambleas ciudadanas en las que se acordó fortalecer los cabildos a nivel barrial, participar de las movilizaciones que se han realizado y apoyar la lucha por la defensa de los Derechos Humanos colectivos e individuales. Se definió impulsar un plebiscito a nivel local para aportar a la demanda de una Asamblea Constituyente para el cambio constitucional y proponer esta medida a todos los alcaldes y alcaldesas de Chile, lo que se aprobó en la Asociación de Municipalidades a nivel nacional, buscando levantar la voz de los territorios. Además, se construyó un manifiesto con las demandas que requerían respuesta inmediata.

            Necesitamos respuestas concretas y voluntad de cambio profundo. Eso significa, por una parte, recursos para mejorar las jubilaciones, el sueldo mínimo, la salud y la educación, entre otros. Pero también, un nuevo modelo de desarrollo y de gobierno, fortaleciendo con atribuciones y recursos a los gobiernos locales y regionales. Un nuevo modelo de desarrollo necesita enfrentar el desafío de construir nuevas capacidades de producción de riqueza en nuevos actores, con criterios de sostenibilidad ambiental y justicia social. Necesitamos avanzar decididamente en la superación del patriarcado, la discriminación y competencia, como formas valoradas de relación entre las personas, las naciones, los grupos etarios, los géneros y las diversidades, así lo sostiene el Plan de Desarrollo Comunal que hemos desarrollado a través de un proceso participativo en la comuna y se encuentra presentado al Concejo Municipal para su pronunciamiento.

            Estos cambios, para consolidarse, deben plasmarse en una nueva constitución a través de una Asamblea Constituyente donde se exprese el poder originario. Este poder debe emerger directamente de los cabildos territoriales y sectoriales, generando condiciones democráticas para que participen en el proceso representantes que expresen la voluntad constituyente de las bases de la sociedad. Claramente, el último acuerdo llamado “Por la paz y la nueva Constitución”, no se orienta en este sentido, pues no se hace cargo de que la demanda por mayor igualdad y justicia cuestiona también la forma elitista y excluyente con que el sistema político se ha organizado hasta ahora.


* Directora de Planificación, Alcaldía Ciudadana de Valparaíso. Magíster en ciencias sociales por la Universidad de Chile y socióloga por la Universidad de Concepción. Trabajadora municipal desde el año 2000 y docente en distintas universidades. Coautora del «Modelo de planificación territorial integrada: situacional, participativa y multiescalar» que orienta la construcción del Plan de Desarrollo Comunal (PLADECO) que ha propuesto la Alcaldía Ciudadana a la comuna de Valparaíso.

[1] Consigna cantada durante las marchas y manifestaciones populares a partir del 18 de octubre del 2019.

Scroll to top