Notas para una refundación de Chile

el 31 octubre | en Sin categoría

Pléyade número especial / octubre (2019)

online ISSN 0719-3696

ISSN 0718-655X /

Notas para una refundación de Chile

Bárbara Fernández Melleda*

Universidad de Hong-Kong

Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital

y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible;

ella no pesa nada ni como opinión ni como prestigio”

Eliodoro Matte

Diario El Pueblo 19 de marzo de 1892

El presente ensayo pretende desarrollar, en tres breves partes, una reflexión en torno a la situación de Chile en octubre de 2019. En este contexto hemos constatado el colapso del modelo neoliberal, el clamor ciudadano por una sociedad y un país más justos y el fin de los abusos de la élite económica.

En primera instancia, la percepción de demanda por cambio es de una gran obviedad, por lo cual es importante considerar qué es lo que se está intentando cambiar. Desde la vereda académica, planteo que el estallido social no solo responde al modelo económico que ha imperado en Chile desde la dictadura de Augusto Pinochet, sino también desde los albores de nuestra nación, donde desde sus inicios ha sido la misma élite la que ha gobernado. La cita de Eliodoro Matte es bastante conocida y revela una visión de mundo que se sigue reproduciendo en aquel sector de la población chilena. No obstante, en octubre de 2019 aquella “masa influenciable y vendible” logró ver más allá de su posición subordinada y comprendió que era momento de reclamar contra muchas injusticias. Si bien para Matte la masa no pesaba como opinión ni prestigio, el día de hoy se demuestra todo lo contrario. Los descendientes de esa masa anónima, los que de una manera u otra nos manifestamos en contra (actualmente, contra Sebastián Piñera) tenemos opinión, y esta masa ya posee notoriedad internacional, lo que en sí mismo sugiere un cierto prestigio. Es cosa de ver cómo se cubrió la protesta masiva del 25 de octubre de 2019, considerada la más numerosa de los últimos años. En ese marco, y considerando la tradición de explotaciones en Chile (incluidas las previas al régimen pinochetista), la marcha de ayer es probablemente la más grande en la historia de nuestro país, solamente a ser sobrepasada por otra inclusive más hiperbólica que tome lugar en un futuro pronto, dada la impresionante capacidad del Gobierno de Piñera para hacer oídos sordos a las molestias de los ciudadanos y ciudadanas que protestan pacíficamente exigiendo cambios radicales en distintas materias.

A modo de reflexión, el presente texto revisará de forma breve la tradición de abusos contra la clase obrera durante el siglo pasado, por medio de dos ejemplos. Posteriormente, se trazarán algunos lineamientos sobre el nuevo Chile, dado que el movimiento actual no demanda solo cambio estructural institucional o ideológico, sino que supone una refundación que establezca un discurso donde no puedan ocurrir matanzas ni atropellos a la clase trabajadora, ni tampoco aceptar los clásicos mecanismos de defensa para las élites imperantes. Hasta este momento, esas elites han estado amparadas en una Constitución escrita en dictadura y modificada soo superficialmente a principios de este nuevo siglo. Finalmente, estas reflexiones advierten que todos estos cambios serán resistidos fuertemente por la clase dominante quienes, históricamente, no han escatimado en el uso excesivo de la violencia para proteger sus intereses, que es algo que vemos de manera explícita ahora en el accionar y el discurso del Presidente Piñera y sus ministros.

Más allá del modelo y las demandas: una tradición de abusos

Existen variados ejemplos de cómo la clase dominante ha intentado acallar los intentos del pueblo chileno por tener mejores condiciones laborales y sociales. Desde una perspectiva literaria, Baldomero Lillo expuso las miserables vidas de los mineros del carbón en Lota en su colección de cuentos titulada Sub Terra (1904). En “El grisú” se narra que el capataz, Mr. Davis, el ingeniero en jefe de la mina, miraba con desdén a los obreros e “indignábale como una rebelión la más tímida protesta de esos pobres diablos i su pasividad de bestias le parecía un deber cuyo olvido debía castigarse severamente” (p. 39), lo que refleja una diferencia entre el capataz y los mineros en cuanto a las condiciones materiales en las que vivían. En Sub Terra es posible acceder a un tipo de vida de una miseria tal, que el no tenerla en la actualidad enaltece a todos aquellos que anteriormente se alzaron ante la élite.

Pero no es solo la ficción que nos trae imágenes de abusos contra los trabajadores de Chile. Un par de años después de la publicación de Sub Terra tuvo lugar el evento conocido como la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, que ocurrió el 21 de diciembre de 1907. Estostrabajadores demandaban un trabajo mejor remunerado y con mejores condiciones, lo que se expuso en un petitorio formal que incluía, entre otras cosas, el fin del sistema de pago con fichas y proveer a la comunidad de una escuela[*]. De forma retrospectiva, se puede consultar varias fuentes que tratan el tema de esta matanza, destacando la siguiente reflexión: “Cómo fue posible que en tan poco tiempo se desatara y estructurara un movimiento de esas dimensiones; cuál era el contexto que se vivía y qué acontecimientos específicos se produjeron para gestar un proceso huelguístico tan decisivo”[†]. Esta cita podría perfectamente aplicarse al caso actual, en 2019. Chile repletó las calles, desobedeciendo, en huelga. La magnitud de la masacre de 1907 fue tal, que se le conoce históricamente como una matanza. Y, tomando en cuenta el desarrollo de los hechos, esta carnicería se desarrolló bajo el mando del general Roberto Silva Renard, donde se estima, bajo diversas cifras, que fueron muertos cientos o miles de obreros[‡]. Es decir, el ejército de Chile asesinó a estos trabajadores.

Otro caso más contemporáneo es el de la Masacre de Puerto Montt, ocurrida el 9 de marzo de 1969, un hecho denunciado inclusive a través de la canción “Preguntas por Puerto Montt”, escrita por Víctor Jara pocos días después de la tragedia. El ministro del interior de ese entonces, Edmundo Pérez Zujovic, ordenó el desalojo de un predio que había sido ocupado por campesinos que, tras el terremoto de 1960 y la ineficaz respuesta del Estado luego de aquel desastre natural, se vieron en la obligación de emigrar hacia la ciudad de Puerto Montt. Pérez Zujovic envió un contingente de 200 carabineros, quienes dieron muerte a 10 pobladores e hirieron de gravedad a otros 50[§]. Es importante también mencionar que el dueño del predio tomado por estos grupos “sin casa” estaba a la espera de una tramitación desde la Corporación de la Vivienda, dado que el terreno estaba, hasta entonces, abandonado. En este caso cabe centrar la responsabilidad en el Ministro del Interior, Pérez Zujovic; como actualmente corresponde interpelar al Ministro del Interior actual, Andrés Chadwick Piñera, por el accionar de las FFAA y de Orden en este Estado de Emergencia establecido por el Presidente Piñera. Chadwick, por su parte, es también el responsable político de la muerte del líder mapuche Camilo Catrillanca, el 14 de noviembre de 2018. El caso Catrillanca, junto a muchos otros asesinatos ocurridos durante la transición chilena –por ejemplo, el de Matías Catrileo en 2002– muestran una clara conexión entre las Fuerzas Armadas y las policías, que se prestan al servicio de las élites para amedrentar y perseguir al pueblo mapuche.

            En todos estos casos, sea desde la literatura o la historia, existe un marco de respuesta de la élite —frente a cualquier tipo de amenaza que cause la clase obrera (a través de las Fuerzas Armadas y de Orden) que no debiese sorprender. En el caso de los eventos actuales, la gran mayoría de quienes protestan son, efectivamente, obreros, trabajadores de diversos rubros en empresas públicas o privadas; también profesionales, académicos, y otros. Quienes marchan no son entonces parte de esa élite que históricamente ha llevado las riendas de Chile.

El nuevo Chile y el bien común

Si bien los múltiples movimientos sociales a través de nuestra historia (de los cuales me he referido solo a dos en la sección anterior) han tenido resultados desfavorables para quienes los protagonizaron, ellos reflejan que el cambio al sistema cuasi feudal que ha regido en Chile ha sido nulo. La clase política en general, y especialmente los gobiernos democráticos posdictadura, no ha logrado estar a la altura de las demandas de los chilenos. La tercera vía de Anthony Giddens (1998), que caracterizó a los gobiernos laboristas en el Reino Unido en los 2000, inspiró también el gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006), por ejemplo, en proponer reformas que, en el papel, modernizarían Chile. Si acaso lo hicieron, eso fue a un alto costo social. Las carreteras concesionadas son un escandaloso ejemplo de esto: el peaje más caro en todo Chile está en la octava región y cuesta sobre 17 mil pesos[**]. No es de sorprender entonces que la gran mayoría de chilenos que conducen vehículos se sienten estafados y pasados a llevar por este sistema. Una de las primeras estructuras quemadas durante el presente estallido social fue, precisamente, un portal de cobro por uso de una carretera urbana en Santiago.

El nuevo Chile debe ser pensado desde una refundación. No basta con reformas al sistema. Chile necesita establecer nuevos fundamentos, desde una nueva Constitución que garantice derechos a todos los chilenos sin importar su renta hasta un retorno al Estado de Bienestar, modelo en el cual existan mínimos garantizados en materias de educación, salud, vivienda, medioambiente y pensiones. Estas demandas deben hacerse realidad cuando concluya este ciclo de manifestaciones. No debe negociarse por menos.

El país ha sido controlado por una pequeña elite que ha gozado de todos los privilegios posibles, a espaldas de aquellos a los que explotan desde hace ya dos siglos. En 2014, el periodista económico británico Robert Hunziker indicaba que en Chile “el término ‘esclavo’ se cambió por el término ‘trabajador’, donde en vez de darles alojamiento y alimentación –como hacían los propietarios de esclavos del siglo XIX– se les entrega un estipendio de 300 mil pesos mensuales para que se lo provean ellos mismos”[††]. Y es esto lo que precisamente aqueja a la población: los altos costos de la vida con salarios bajos y la falta de protección social tras la privatización de todos los servicios otrora proveídos por el estado. Sin embargo, detrás de todo este contexto, se encuentra un grupo que va a defender sus intereses.

El nuevo Chile debe enfocarse en el bien común y prestar atención a ejemplos que vayan en aquella dirección como, por ejemplo, en Escocia, Islandia y Nueva Zelanda, donde se prioriza el bienestar social antes que índices económicos tales como el Producto Interno Bruto. La Primera Ministra escocesa, Nicola Sturgeon explica en una Ted Talk por qué los gobiernos deben enfocarse en el bienestar de sus ciudadanos como su primera prioridad[‡‡]. Estos son casos dignos de estudiar.

Advertencias finales

Los chilenos han dicho fuerte y claro que desean una sociedad y un país más justo para todos quienes habitan en él. El hartazgo es generalizado. El malestar va más allá de diferencias políticas, pues quienes han votado por gobiernos de la Concertación y luego Nueva Mayoría están en las calles al igual que quienes (tal vez a regañadientes hoy) han votado por partidos de derecha. Cuando vemos gestos que quizás son anecdóticos, como a hinchas de la Garra Blanca o Los de Abajo marchando juntos, es posible comprender la transversalidad del movimiento y la dificultad que tendrá la élite de acallar a un país completo.

La advertencia es a no bajar los brazos ni creer en soluciones superficiales y dejar que la élite de siempre siga a cargo. Y a no olvidar que seguimos siendo una masa influenciable y transable, a través de los medios de comunicación que posee esta misma élite, y que nuestros cuerpos y tiempos se venden a precios bajos en un mercado laboral extremadamente precario. La élite va a cuidar su privilegio como lo ha hecho históricamente: a través de las Fuerzas Armadas y de Orden. Lo vimos en Iquique, en Puerto Montt, en todo Chile durante el régimen de Pinochet y en gran parte del país durante el régimen Piñerista.


* Profesora asistente en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Hong Kong. Se especializa en estudios de literatura chilena contemporánea, particularmente en el impacto del neoliberalismo en la poesía y narrativas actuales. Correo electrónico: bfernan@hku.hk.

[*] Eduardo Devés, Los que van a morir te saludan. Historia de una masacre. Escuela Santa María, Iquique, 1907 (Santiago: Ediciones Documentas, 1988), 94.

[†] Ibíd., 21.

[‡] Ver el sitio web http://archivonacional.gob.cl/sitio/Contenido/Temas-de-Colecciones-Digitales/37527:Matanza-de-la-Escuela-de-Santa-Maria-de-Iquique-y-sus-consecuencias.

[§] Juan Domingo Urbano, “Preguntas por Puerto Montt”, El Desconcierto, 11 de octubre de 2013. Consultado en octubre de 2019, disponible enhttps://www.eldesconcierto.cl/2013/10/11/preguntas-por-puerto-montt/.

[**] “$17.450 la pasada: camionero indignado arrasó con barrera del peaje más caro de Chile”, Publimetro, 25 de octubre de 2019. Consultado en octubre de 2019, disponible en https://www.publimetro.cl/cl/social/2019/10/25/peaje-agua-amarilla-camionero-concepcion-mas-caro-chile-protesta-barrera.html.

[††] Robert Huzinker, “Chile’s Plantation Economy”, GlobalFaultlines, 15 de diciembre de 2014. Consultado en octubre de 2019, disponible en https://globalfaultlines.wordpress.com/2014/12/16/chiles-plantation-economy-robert-hunziker/. Existe traducción de la nota en medios nacionales: https://www.biobiochile.cl/noticias/2014/12/19/periodista-economico-ingles-condiciones-de-trabajo-en-chile-son-como-la-esclavitud-del-siglo-xix.shtml.

[‡‡] Nicola Sturgeon, “Why Governments Should Prioritize Well-Being”, Ted Summit 2019. Consultado en  octubre de 2019, disponible en https://www.ted.com/talks/nicola_sturgeon_why_governments_should_prioritize_well_being/transcript?language=en.

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